La belleza [Serie Vivir con Pasión]

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¿A quién no le gustan las cosas bonitas? Ciertamente, cada uno tenemos nuestros gustos estéticos que reflejan nuestra propia individualidad, y también estamos sujetos a las influencias de nuestra cultura y entorno. Pero en este post no me refiero tanto a los objetos de belleza sino a la experiencia de la belleza. Cuando algo lo experimentamos como bello, se produce en nosotros una sensación de gusto, de disfrute, de aprecio, de atracción. Y aquí podemos incluir personas, objetos, arte, música, paisajes, actos humanos… La belleza, en su sentido más amplio, representa lo mejor de la vida, y cuando la experimentamos conscientemente nuestro gusto y nuestra pasión por la vida se ve amplificado.

 

 

La percepción y el aprecio de la belleza es una función superior de nuestra consciencia que va más allá de los gustos y de las tendencias culturales. Esta percepción se produce cuando traspasamos los contenidos de nuestra mente y percibimos de forma directa y sin interpretación. Es en ese momento cuando toda la belleza inherente a la vida se abre ante nosotros con una intensidad capaz de embriagarnos.

Indudablemente que en la vida hay “fealdad” que puede atrapar nuestra consciencia y convertirse en casi lo único que vemos. Esto ocurre especialmente cuando tenemos dificultades y problemas en nuestra vida y entramos en estados de miedo, frustración, impotencia, enfado, insatisfacción… En estos estados nuestro cerebro se pone en modo supervivencia, nuestra percepción se estrecha y se enfoca en las negatividades y amenazas, y nuestra capacidad para percibir la belleza queda muy disminuida, cuando no deshabilitada. Sin embargo, es precisamente en estas situaciones cuando más necesitamos abrir nuestra percepción a la belleza pues esto no sólo nos ayuda a afrontar las dificultades y problemas, sino también a mantener nuestro aprecio por la vida aún en medio de circunstancias difíciles.

La belleza existe y está ahí para ser experimentada por nosotros. Lo único que es necesario es la voluntad de hacerlo y calmar el hervidero de pensamientos que es nuestra mente. No hay que hacer más. Simplemente con esto nuestra percepción se abre y comenzamos a ver todo lo bello que hay a nuestro alrededor. Nuestros ojos parecen programarse a sí mismos para enfocar las imágenes más bellas. Nuestro oídos comienzan a entregarnos las armonías más sutiles. Y nuestra alma nos muestra lo mejor de la naturaleza humana. Y ante toda esa belleza el corazón comienza a palpitar con los latidos de la pasión, del gusto y del disfrute.

Claro que en este punto alguno dirá: “…y en ese momento vas y te despiertas y te das cuenta de la realidad”. A lo que yo le respondería: ¿ A qué realidad te refieres? Tenemos una cierta tendencia a pensar que la realidad es lo negativo, lo “más feo” de la vida, y que lo positivo, lo “más bello”, es la excepción o una utopía. Esto no es de extrañar si vemos los informativos y las noticias sobre “la realidad” que nos traen a diario.

La belleza es parte de la vida y está en todas partes, lo único que hace falta es la mirada que la pueda ver. Y esa es nuestra mirada.

 

Que tengas un gran día.

 

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  • M. Cristina Toledano

    Hola, muy interesante este post. En conclusion hay que saber mirar las cosas con prudencia y el “cristal” conveniente. Asi, la belleza existe en las situaciones mas adversas si la sabemos ver. Gracias. Un saludo.